TOXINA BOTULÍNICA, ¿ME VENDRÍA BIEN UN POCO DE “BÓTOX”?

La toxina botulínica (comúnmente conocida como “botox”) es probablemente el término más popular y conocido en el mundo de la Estética, hasta el punto de que el uso de dicho término ha caído en abuso y se llega a hablar de “bótox” refiriéndose a muchos otros productos o tratamientos que nada tienen que ver con la auténtica toxina botulínica.

Debido a la popularidad que ha adquirido en pocos años, el “botox” se ha convertido en un tema cargado de falsos mitos y prejuicios, pero intentaré resumir brevemente en qué consiste y cómo se utiliza actualmente.

La toxina botulínica es una proteína purificada que se infiltra en músculos muy concretos con el fin de relajar la contracción muscular excesiva. Tiene aplicaciones muy concretas en el tercio superior de la cara, mientras que en otros puntos su infiltración es controvertida y debe ser siempre valorada individualmente.

 

Se utiliza para rejuvenecer la mirada: eleva las cejas manteniendo su movilidad, atenúa las “patas de gallo” y elimina las arrugas del entrecejo, dejando una frente más despejada. No se trata de un producto de relleno ni se infiltra en los labios. El gran objetivo de este tratamiento es eliminar el aspecto de cara cansada sin cambiar la expresión natural ni los rasgos del paciente.

El tiempo vacacional es perfecto para presumir de buena cara: ojos sin ojeras, mirada limpia, piel luminosa y sin rastro de imperfecciones, sonrisa natural,… Además, el cutis puede descansar del maquillaje diario, por lo que luce mucho mejor cuando llevamos unos días de vacaciones.

¿A quién no le viene bien relajar su expresión y tener “cara de vacaciones” todo el año? Uno de los retos más importantes de la Medicina Estética es conseguir alargar ese aspecto relajado durante todo el año, para lo cual contamos con un importante arsenal terapéutico. La toxina botulínica es una gran ayuda para relajar la expresión. Su uso principal es recuperar la posición de las cejas y conseguir para el paciente una mirada limpia y juvenil.

Contamos con muchos otros tratamientos (radiofrecuencia, peeling de luminosidad, medicina regenerativa, nutricosmética,…) que deben personalizarse para cada paciente y su situación particular, pero la toxina botulínica sigue siendo hoy día la baza más fuerte y el tratamiento más fiable en el campo del rejuvenecimiento facial sin cirugía.

 

La toxina botulínica puede mejorar tu estado de ánimo. Los médicos que tenemos amplia experiencia con el producto ya intuíamos este hecho desde hace tiempo. De hecho, investigaciones anteriores ya han demostrado que las personas que se ríen o sonríen con regularidad pueden mejorar su estado de ánimo, pero nos estamos refiriendo a un ensayo clínico que demuestra por primera vez (comparando frente a placebo) que el tratamiento estético con toxina botulínica tiene un efecto real y cuantificado para mejorar la evolución de una depresión.

El artículo en cuestión se ha publicado en la revista Journal Psychiatric Research y está dirigido por el equipo del Dr. Stewart Levine. Se reclutaron 76 pacientes con depresión y sin tratamiento psiquiátrico. Se aplicaron inyecciones de toxina botulínica en el entrecejo a la mitad de los pacientes. A la otra mitad les inyectó un placebo (suero fisiológico). Los síntomas de depresión se redujeron en un 50 % de los pacientes que recibieron el tratamiento y sólo en un 9% de los pacientes que recibieron el placebo.

La explicación a esta mejora, según el director de este trabajo, es que los músculos del entrecejo están diciendo al cerebro: “estamos bien, no nos estamos frunciendo, estamos relajados, por lo que el cerebro también debe estar relajado” y la gente, simplemente, se siente mejor.

 

Me gustaría dar cinco consejos fundamentales, cinco consejos que todo paciente debería considerar antes de someterse a un tratamiento con toxina botulínica:

1.- Ponte en buenas manos: asegúrate de que la persona que realiza la infiltración es un médico con formación específica en Medicina Estética. A pesar de los constantes controles de las autoridades sanitarias, aún abundan los impostores que ofrecen “bótox” sin estar titulados.

2.- Un producto de calidad: muchos establecimientos que no son clínicas médicas ofrecen tratamientos llamados “bótox” que nada tienen que ver con la famosa toxina botulínica, lo cual constituye un fraude al consumidor y una agresión al sector de la Medicina Estética. Actualmente hay tres marcas de toxina botulínica legales en España, Vistabel®, Bocouture® y Azzalure®, y en todo centro autorizado para su uso debe haber un registro de los viales utilizados para cada paciente.

3.- La dosis adecuada: déjate asesorar por el médico que efectuará la infiltración, que generalmente te aconsejará un resultado natural o muy sutil. Después de un tratamiento bien realizado, tus familiares y amigos te notarán más descansada y te preguntarán qué crema usas, pero nunca notarán una cara inexpresiva ni una piel acartonada.

4.- Empieza cuanto antes: la edad ideal para empezar a usar toxina botulínica es entre los 25-30 años, no a los cuarenta como piensan la mayoría de los pacientes. Cuando aun no han aparecido las arrugas, la toxina botulínica sirve como medida preventiva y las arrugas tardan más en salir, con resultados mucho más naturales.

5.- Olvida todos los tabúes: la toxina botulínica no te dejará inexpresiva, sino que te dará una expresión más alegre y descansada; la toxina botulínica no es un relleno, es un modulador de la contracción muscular; para su infiltración no hay que pasar por quirófano; después de la infiltración de toxina botulínica no se produce ningún efecto rebote que empeore tus arrugas y te convierta en adicta;… y así un largo etcétera de múltiples rumores y leyendas urbanas.

Por último, sólo un consejo más: confía en tu médico estético. Sólo él sabe si necesitas toxina botulínica u otro tratamiento y sólo él sabe cómo realizar el tratamiento. Y elige Kalos Medicina Estética, tu “centro botox” de confianza en Talavera.

 

Dr. Eduardo de Frutos



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