Uso off-label de la toxina botulínica

Las múltiples aplicaciones de la toxina botulínica

La toxina botulínica ha revolucionado el mundo de la Medicina Estética, pero desde sus primeras pruebas en humanos, en el año 1977, la famosa toxina conocida con su nombre comercial “Botox” ha pasado por diversas fases de aplicación clínica y múltiples indicaciones médicas, además de la indicación estética.

Lo que sí podemos afirmar es que gracias a su uso en la Medicina Estética, la toxina botulínica ha pasado de ser una molécula de estudio en avanzados laboratorios a ser objeto de las conversaciones más comunes. Más allá de su indicación estética, hoy trataremos de explicar que otros usos médicos tiene el famoso bótox, usos terapéuticos, es decir, para tratar enfermedades…

¿Cuál fue el primer uso de la toxina botulínica, Botox?

En 1979, la FDA (Sanidad en USA) aprobó de forma condicional el uso de la toxina botulínica tipo A (BTX-A) en el tratamiento del estrabismo y en 1985 se amplió esta aprobación para su uso en el blefarospasmo. En 1989, se aprobó el uso de BTX-A en el estrabismo, blefarospasmo y el espasmo hemifacial. Finalmente, fue en 2003 cuando se aprobó su uso en el tratamiento de las arrugas del entrecejo, por lo que la famosa toxina empezó a formar parte del amplio arsenal terapéutico de los médicos estéticos y se generalizó a nivel mundial, llegando a convertirse en algo de lo que se puede hablar en cualquier grupo de amigos tomando un café.

¿Cómo se descubrió que la toxina botulínica podía eliminar las arrugas?

Realmente, llama la atención que el descubrimiento de que la toxina botulínica pudiera mejorar las arrugas de expresión fue un hallazgo totalmente casual: fue la Dra Jean Carruthers, oftalmóloga, la que observó que muchos de los pacientes que recibían tratamiento con BTX-A para el blefarospasmo presentaban una mejoría significativa de la arruga dinámica del entrecejo. Poco después se fue demostrando suficiente eficacia y seguridad para el tratamiento de las arrugas de expresión en el entrecejo, frontal, patas de gallo y platisma del cuello.

Pero dejando aparte el uso de la toxina botulínica en Medicina Estética, nos encontramos con un medicamento que tiene otras muchas aplicaciones clínicas, con la capacidad de mejorar calidad de vida en pacientes de otras especialidades:

Oftalmología: como ya hemos visto, podemos decir que los oftalmólogos son los padres de la famosa toxina. De hecho, sus dos primeras indicaciones aprobadas fueron el tratamiento del estrabismo y del blefarospasmo. Aún hoy día, la toxina botulínica es un medicamento de uso muy frecuente en cualquier servicio de oftalmología.

Neurología: como bloqueante de la placa motora, está claro que la BTX-A puede tener muchas aplicaciones en este campo, como la parálisis facial espástica o el tratamiento de dolores neuropáticos. A día de hoy, también se aplica en el alivio de tortícolis, distonías espasmódicas y migrañas.

Medicina física y rehabilitación: la literatura médica aporta muchos ejemplos de uso de la BTX-A para el alivio de la espasticidad de los miembros inferiores para permitir a los niños caminar o permitir el movimiento de las extremidades superiores, con el fin de que los niños puedan lavarse ellos mismos.

Dermatología: la hiperhidrosis es otro de los usos más conocidos de la toxina botulínica. De hecho, su efecto de bloqueo sobre la glándula sudorípara es más potente y duradero que el bloqueo que se realiza sobre la placa motora, por lo que conseguimos resultados muy satisfactorios en el uso de BTX-A para el exceso de sudoración en axilas y las palmas de las manos.

Proctología: una de sus aplicaciones más inusuales (y también con mayor éxito) es el tratamiento de la fisura anal.

Urología: se usa la BTX-A para tratar la incontinencia urinaria en parapléjicos. Se ha demostrado que su uso es eficaz en el 60% de los pacientes, con una duración de hasta 9 meses. Otra aplicación más moderna es el tratamiento de la vejiga hiperactiva, un problema que puede afectar al 23% de las mujeres y al 15% de los varones.

Ginecología: el ámbito de la Ginecología Estética es una de las principales novedades de nuestra especialidad. Tanto el ácido hialurónico como la toxina botulínica tienen un papel importante en las zonas íntimas. Concretamente, la BTX-A se emplea en el tratamiento del vaginismo, ya que relaja los músculos de la pared vaginal, impidiendo así su contracción espontánea.



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